01 La Baltasara: Casa Museo Antonio Gala

La Baltasara: Casa Museo
Antonio Gala

La finca, de la que se respetó la arquitectura campesina malagueña del siglo XIX, y que enamoró al escritor a finales de los años ochenta –a punto de dar el salto del teatro a la novela- fue, al menos durante tres décadas, un lugar oculto al gran público. Era el jardín secreto de Gala y sus amigos más íntimos: sus invitados al jardín. Ese “paisaje verde y escalonado, ese cielo diáfano, esa luz incansable…”, tal como lo describe él mismo, conformaba un espacio de soledad: la soledad sonora, elegida por el propio Gala.

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02 El entorno. Campo edénico

“Aquí me retiro, aquí trabajo, reflexiono, digiero los sonidos aunque poco a menudo se interrumpe el silencio. Veo caer las luces, ascender las luces, rozar con los dedos de oro las copas de los árboles, escucho cómo el viento los despeina…”

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03 La casa de Antonio Gala

Glicinias azules en el cenador, en el rancho, un jardincillo con romero y arrayanes, los eucaliptos que custodian las tumbas de los perrillos de Antonio, alineadas una al lado de la otra…

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04 La Baltasara: La actriz ermitaña

La Baltasara: la actriz
ermitaña

“Todo lo tiene bueno La Baltasara. / Todo lo tiene bueno, / también la cara.” Se retira, solitaria, cerca de Lorca, de donde viene precisamente un mural de azulejos, de Egea Azcona, que embellece el jardín de la finca, con una visión, irónica y bella a un tiempo, de La Baltasara.

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05 Antonio Gala en la casa. Recuerdos de su secretario

Supo ver sus posibilidades. No lejos del centro, por cuestiones de intendencia; no demasiado grande ni demasiado pequeña, por cuestiones de intimidad; y, como él decía, estaba y está a 25 kilómetros de todo: de la Costa, de Málaga, del aeropuerto, de Marbella… Era verdad: la convirtió en lo que es hoy, pero con mucho esfuerzo, trabajo, cuidado y mimo.

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06 Antonio Gala, andaluz universal (Biografía)

Antonio Gala,
andaluz universal

Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.

(“Playa de El Palo”, extraído del poemario “Testamento andaluz”, publicado en 1994)

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